Crónica del FIB 2016: Sábado 16 de Julio.

El sábado del Festival Internacional de Benicàssim 2016, será recordado como el día en el que el festival resucitó. Después de un tiempo ingresado en la unidad de cuidados intensivos y con más de un gotero puesto, podemos decir que ya está sano. La medicina: Muse y un cartel plagado de nombres de música electrónica. El diagnóstico: Sano y estable, más de 40.000 personas y el primer lleno desde 2009 así lo avalan. Pero además del cabeza de cartel más visible del festival, pudimos ver cosas muy interesantes, hay vida más allá de Muse.

Llegamos al recinto puntuales para ver a Iseo, justos vencedores del Proyecto Demo 2016 de Radio 3. Desde Pamplona llega esta formación liderada por Leire Villanueva. Lo primero que nos sorprendió fue la maravillosa voz de Leire: cálida y muy bien modulada. Hacen canciones pop con toques soul, bossa y algo de chansón francesa. Cuando empezaron a tocar no había casi nadie viéndolos pero gracias a sus preciosas canciones, más y más gente empezó a llegar, entre ellos, guiris fascinados. Además, gracias a un loop, intercalan diferentes registros de voz y llega a ser una experiencia hipnótica. Tomad nota de este grupo porque seguro que en los próximos meses empiezan a dar que hablar.

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Los primeros en tocar en el escenario Las Palmas, el principal, fueron Cápsula, encargados de reinterpretar “Ziggy Stardust“. Los argentinos, afincados en Bilbao, dieron un concierto muy enérgico, ayudados por la pasión del público. Se divirtieron encima del escenario, haciendo divertirse al público, emocionándonos a ratos e incluso enganchando a los no fans de Bowie. Todo un acierto este tributo.

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A continuación, nos encaminamos hacia la carpa de Radio 3 para ver a los locales Ramírez Exposure y sus sugerentes melodías. Canciones frescas con reminiscencias británicas, pero con sustancia. Víctor Ramírez se hizo acompañar por una banda de lujo, provenientes de otros proyectos tan estimulantes como Tachenko o La Habitación Roja. Disfrutamos con canciones tan redondas como “Let´s go bowling” o la preciosa versión de Marc Jonson “Suddenly sunshine” y nos dejó tan satisfechos que hasta el final no caímos en la cuenta que había sido, hasta el momento, el concierto que mejor había sonado en la carpa.

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Después, nos encaminamos de nuevo hacia el escenario principal para escuchar a Walking on Cars. Con una explanada más repleta de gente de lo esperado y grupos de fans locas por el cantante, nos quedamos a escuchar un par de canciones, edulcoradas hasta el extremo, insulsas y sonrojantes a ratos. Un buen bluff en toda regla.

Poniendo pies en polvorosa, llegamos a Zahara, que hizo lo esperado. Cantó canciones, sobretodo de su último álbum “Santa” y algunos clásicos anteriores como “Tú me llevas” o “Merezco“. Siempre vital y alegre en el escenario e interactuando con el público. Un público mimetizado con ella, con pelucas rubias y que profesan adoración por la cantante. Lo mejor del concierto: la súper banda que le acompaña. Lo peor: La versión de Nueva Vulcano de “Te debo un baile“. ¡¿No hay más canciones que versionar?!.

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Luego llegamos a Echo & The Bunymen en el escenario Visa. No nos llevamos sorpresas, solo canciones en la mente y es que Ian McCulloch y los suyos no necesitan nada más que canciones para hacerlo bien. Ni decorados, ni bailes, ni siquiera luz (el escenario permaneció en penumbra durante toda la actuación). Dejaron las canciones más conocidas para el final, lo que les mermó público. Aun así “The killing time“, “The Cutter”  o “Lips like sugar” nos encandilaron. Hay cosas que no pasan de moda.

Pero, en la época en la que estamos, parece que sin espectáculo no hay gloria. La gente necesita leds, confeti y cuanto más mejor. Eso es lo que pasó en el concierto de Muse. No digo que la función no ayude a entusiasmar a la gente, es natural, pero si a la vez el grupo muestra una total desconexión entre sus miembros, pues que queréis que os diga… prefiero más armonía y menos globos. Aun así, canciones como “Plug in baby“, “Time is running out” y demás, nos hicieron pasar un buen rato y si de espectáculo se trata, espectáculo nos dieron. Aun así, en algún momento llegaron a resultar cansinos, sobretodo con las nuevas canciones, que no tienen la fuerza y la frescura de las composiciones del principio. Y como la nostalgia de tiempos mejores se estaba apoderando de mí, los pude ver en el FIB hace muchos años, decidí ir a ver a The kills.

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Con un público mermado, gracias a Muse, vimos a The Kills. Sin duda, una de las mejores actuaciones de todo el festival. Alison Mosshart es un verdadero animal escénico. Nos ofreció un espectáculo increíble, sin parafernalia. Solo ellos encima del escenario. Jamie Hince afilando unas guitarras poderosas, Alison atronándonos la cabeza con canciones tan poderosas como “Doing It to Death” o “Heart of a Dog“. Oscuridad y sensualidad a partes iguales. Lo único que deslució la actuación fue un fallo de sonido que hizo parar al dúo y que, tras el susto inicial pensando que se había acabado, retomaron, con más fuerza si cabe el concierto. Los podría haber visto tres veces más seguidas. Un fenómeno.

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Y llegamos a la decepción de la noche: Bloc Party. Y mira que somos fans…, pero que desilusión más grande. Encontramos a Kele Okereke en baja forma, y no me refiero sólo a nivel físico. Fue un concierto lento, donde la transición entre las canciones no tenía ni pies ni cabeza. Con canciones donde la banda tenía que ralentizar el ritmo para que Okereke los siguiera… Hubo algún destello de disfrute con “Banquet” o “Flux” pero en eso se quedó. Para no acabar completamente contrariada nos fuimos a Neuman, que nunca defraudan.

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Paco Román y su legión de guitarras estuvieron a la altura de las circunstancias y, con una carpa sorprendentemente llena, dieron un concierto digno de un festival. Potencia, buenas canciones y un sonido bastante bueno dadas las condiciones de la dichosa carpa. El murciano, algo más callado que en otras ocasiones, fue despachando canciones sublimes como “If” o “Hell“, entre otras muchas. Quizá el único pero que le pondría, sería la hora. Tocar cerca de la 1:30 después de Muse y The Kills y antes que Disclosure, sabiendo que las canciones no son exageradamente festivas, se nos antoja, cuanto menos, peculiar. Habría sido más acertado haberlo puesto un poco más temprano, seguro que lo habríamos disfrutado mas.

Pero la fiesta llegaba ahora, Disclosure nos ofreció, para los que aun teníamos ganas de más, una ristra de temazos bailables que, aunque a ratos mal engarzados y con bastantes bajones entre canción y canción, fueron remontando a lo largo de la actuación, haciendo las delicias de los más bailongos, de los borrachos y de la horda de guiris que llenaba la explanada. No se limitaron a hacer una sesión al uso y tocaron baterías electrónicas, bajos y alguna guitarra en directo, lo que no fue suficiente para superar a Jamie XX ni a Chemical Brothers.

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Para finalizar el sábado nos dimos una vuelta y fuimos a parar al concierto de Breakbot, que fue una sorpresa en toda regla. Con una puesta en escena en blanco nuclear y con todos los músicos en el escenario turnándose los micros, los sintetizadores y encadenando canciones con alma electro-funk y disco retro a lo Daft Punk. Sonaron divertidos y muy amenos, no decayó la actuación en ningún momento y nos hicieron olvidar por un momento nuestro dolor de pies. Buen fin de fiesta.

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