Así vivimos la primera edición del Valencia Beach Festival

VIERNES: Nueva Vulcano, Buzzcocks y JC Brooks.

Después de la experiencia de otros festivales masivos, llegamos al Valencia Beach Festival en el edificio Veles e Vents motivados por varias razones. La primera y principal sería el cartel: arriesgado, no ceñido a un estilo, con grupos que no actúan por enésima vez en todos los festivales estivales y con nombres a descubrir. Tengo que ser sincera, alguno de los artistas del festival eran desconocidos para mí, lo que me gusta. Otro motivo por el que estar expectante era por la localización del evento, el Veles e Vents, lugar bandera del despilfarro de esta comunidad y transitado por fauna adicta a atuendos con cocodrilos, se vería inundado por gente ecléctica, mods revisionistas, hipsters, algún pijo también, sin duda…

Tras la cancelación de Modelo de Respuesta Polar por enfermedad de uno de sus miembros, los primeros en dar el pistoletazo de salida del festival fueron Nueva Vulcano. Los catalanes no son ninguna novedad por estas tierras, de hecho Artur Estrada (voz y guitarra) y Wences Aparicio (bajo), bromearon con el público sobre las setenta veces que se han dejado caer por aquí este último año. Pese a todo, son un acicate y una declaración de intenciones. Repasaron el último trabajo, “Novelería”, con temas como “El Mirlo“, “Pop y espiritualidad“, “80% agua” o “Hemos hecho cosas“, entre otras. También tocaron canciones anteriores, “Dulce y ácida“, la archiconocida “Te debo un baile“, “Día de mañana” o “Ley de costas“… Me parecieron como siempre, divertidos, infalibles y un chute de energía para empezar la jornada. Como estaba en las primeras filas disfrutando y rodeada de gente haciendo lo mismo, no me fijé, hasta pasada la primera mitad del concierto, que éramos muy pocos y ya eran las 21’40h. o así.

nuevavulcano1

Para el siguiente concierto, el de Buzzcocks, se congregaron más personas, pero insuficientes a todas luces para un festival. Es cierto que el recinto no es muy grande (se celebró en el exterior del primer piso del edificio), pero cabíamos más y el grupo que venía ahora era lo suficientemente importante para congregar a más gente, o eso pensaba yo, porque las primeras filas estaban abarrotadas, pero sólo las primeras. Los de Manchester nos inyectaron una buena dosis de punk y aceleración, sobretodo el guitarra Steve Diggle, mucho más enérgico que el resto, aunque al final arrastró a sus compañeros a las barricadas y dio una lección de cómo se tienen que hacer las cosas. Repasaron temas de su carrera, empezaron fuerte con “Boredom“, aceleraron con “Fast Cars” y esa guitarra punzante, momento donde algún poseído del público llegó a arrebatar el micro a Pete Shelley. Siguieron con “Totally from the heart“, “I don´t mind“… Del último disco, “The Way“, sólo tocaron “People are strange machines” y “It´s not you“, cosa que la gente agradeció. La locura llegó con los hits más esperados: “What do i get“, “Orgasm addict” y por supuesto, “Even fallen in love“. Hipnóticos, aún salvajes, acelerados… Que más podíamos pedir.

buzzcocks

El viernes todavía nos deparaba una sorpresa de última hora, J C Brooks. No os mentiré. Yo únicamente les conocía previamente al concierto, de haberles escuchado tres o cuatro veces y porque mi acompañante tenía bastantes ganas de verlos. Es un estilo que se me escapa, que no estoy familiarizada a escuchar, pero pese a todo, disfruté como una enana. Lo primero en lo que me fijé fue en el estilismo del cantante, imposible pasar desapercibido. Después de un buen rato analizando el vestuario, gracias a problemas de sonido, llegó el turno a la música y los bailes. Fascinación por la voz de J C, a ratos profunda, a ratos falseada; por el groove del bajista (Theodore Berry) y por los bailes que ellos dos se marcaron. Un súper grupo bien engrasado con momento magistrales de todos ellos (teclista, guitarra, batería, percusiones…), con todo medido, quizá demasiado, pero muy solvente. Las únicas canciones que reconocí al instante fueron la versión de “I am to break your heart” de Wilco, “Rouse yourself” y una estrofa que coló JC Brooks de una canción de Beyoncé, y pese a eso lo disfruté sin medida.  A medio camino entre James Brown y Grace Jones, una especie de neo soul, funk… A mi me dejó con más ganas de baile pero al día siguiente teníamos que volver.

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SÁBADO: Red Buffalo, Crudo Pimiento, Betunizer, Chucho y Guadalupe Plata.

El sábado empezó dos horas más pronto que la jornada anterior, pero a una hora, las 19’00h., muy asequible para que todo el mundo pudiese llegar a ver a los valencianos Red Buffalo. Pero no fue así, la gente imagino que pondrá de excusa el calor, aunque el calor no hizo acto de presencia y, entre el techado del Veles e Vents y unas nubes muy adecuadas, pudimos disfrutar, sólo unos pocos, del sonido americano que destilan Red Buffalo. Sonaron muy compactos, después de los cambios de la formación y demás vaivenes. Tocaron canciones de “Sounds of Nature” y de un nuevo trabajo recién grabado que esperamos vea la luz dentro de poco y que congregue a más gente, sin excusa alguna.

redbuffalo

Los siguientes en subir al escenarios fueron Crudo Pimiento,  extravagantes donde los haya y turbadores. La primera canción, instrumental,  congregó sobretodo a curiosos fascinados por los instrumentos que el grupo fabrica; guitarras de tres cuerdas, bajo de una sola, una caja de pimentón transformada en instrumento de cuerda, percusiones raras… La segunda canción que tocaron, perdonen que no me acuerde del nombre, dio paso a las miradas de extrañeza de los no iniciados al sonido del grupo al oír la voz de Raúl Frutos, voz de ultratumba, desgarrada y poderosa. A ratos, el grupo parece hacer heavy prehistórico, en otros momentos suenan caribeños, en otros blueseros, con melodías inclasificables, con rupturas de ritmos. Un ejercicio musical digno de ver y escuchar. Podrían haber tocado en el festival o haber dado un recital en un museo. Extraños e hipnóticos.

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Con escaso público, norma del festival, y con la noche encima, empezaron Betunizer. Creo que estuvieron igualmente potentes que otras ocasiones, quizá con el volumen demasiado alto, que enmarañaba más si cabe las melodías del grupo, pero en general destilaron fuerza y brío que, por otra parte, le faltó al público, medio anestesiado en ocasiones. Tengo la teoría que mucha gente llegó recién cenada al concierto y que la sangre en la barriga adormeció al personal. Pese a todo, José Guerrero, Marcos Junquera y Pablo Peiró rebosaron energía y tocaron canciones tan estimulantes como “La mili del placer“, “Camilo José Shellac“, “Imagina que matas a Jota“… Potencia valenciana de la buena.

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Luego fuimos a Chucho, quizá el concierto más esperado en esta jornada, por los comentarios de la gente que tuve el placer de encontrarme, pero casi seguro uno de los que menos ilusión me hacía a mí. Sé que es una afirmación muy poco correcta, pero es la verdad. Fernando Alfaro nunca me ha motivado en exceso, no me pregunten por qué, pero así es. Al margen de mis gustos personales, Alfaro tocó temas de su último trabajo “Los años luz“, que pasaron sin pena ni gloria viendo la emoción de los allí presentes, pero desató la locura al tocar los clásicos como “El detonador EMX-3“, “Magic” o “La mente del monstruo“, incluso a mí me llegó a estimular y animar, así que buena señal.

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Los que sí me acabaron de estimular y fascinar fueron Guadalupe Plata, no sé si sería mi motivación partidista pero vi al público bailar, alzar los brazos y corear al modo Buzzcocks del viernes. El trío, parco en palabras, desató su mejor faceta: blues lisérgico, oscuro, críptico a ratos, pero facturado con una pasión que desborda y contagia. No en vano, llevo “Rata” clavada en el cerebro desde el sábado, como seguro otros tantos llevan a “Milana” o “Calle 24“, entre otras. Sólo puedo decir: ¡joder qué grupazo y qué concierto!

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DOMINGO: Marc Jonson, Cooper, James Taylor Quartet.

Tras haber dormido dos horas, gracias a las verbenas de San Juan y al azar de que me tocase suplente de la mesa electoral, me planté en el festival a las 12’00h. de la mañana para ver, sin demasiadas ganas obviamente, lo que iba a suceder…

Todavía anestesiada por el sueño, salió a escena Marc Jonson acompañado de músicos valencianos: Víctor Ramírez a la guitarra, Xavi Muñoz al bajo, Cayo Bellveser a los teclados y Marcos Junquera a la batería (el día anterior lo pudimos ver con Betunizer). No sabía mucho de Marc Jonson, pero me sorprendió gratamente y, pese a mi estado calamitoso, pude disfrutar de un concierto, sosegado al principio y que fue tomando vigor a medida que avanzaba la actuación. Sorpresa incluida cuando Ramírez cogió el vinilo, el recién reeditado “Years“, para versionar “Suddenly sunshine” Canciones de corte clásico que mitigaron mi dolor. Folk, psicodelia y rock bien facturado, sin duda canciones atemporales dignas de rescatar.

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A continuación le tocaría el turno a Cooper, ex Flechazos y sus “30 Años Viviendo en la Era Pop“. Se empezaban a ver a los fans bastante antes de su concierto: patillas, polos entallados, colores, faldas rectas y Fred Perry. Inconfundible. He de decir que no soy ninguna fan, demasiado pop para mí quizá, pero a la segunda canción ya me tenían totalmente enganchada. Contagiosa la vitalidad de los músicos, con trío de viento incluido, las ganas de los fans, lanzando a sus hijos por los aires, bailando, cantando a pleno pulmón. Sonaron temas conocidos por todos como “Suzzete“, “Viviendo en la Era Pop“, “A toda velocidad“… Me he vuelto un poco mod, nunca es tarde.

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Como antes del final del concierto de Cooper me fui a comer, aproveché la espera hasta el concierto de James Taylor Quartet bailando al son de los temazos que pinchó Splendini Dj. Gracias a él pude mantenerme despierta hasta el último concierto del festival. Ya a pleno sol, empezaron James Taylor Quartet y canción tras canción y bajo un sol abrasador supieron mantener la atención del público, y no era tarea fácil. Increíble el teclado y él, sin descanso y con la chaqueta y la corbata aún puestas, animando, haciéndonos aplaudir, bailar. Jazz funk, algo de swing y mucho groove. Unos músicos maravillosos, incluido el príncipe Harry a la batería, se marcaron temas como “Blow Up“, “Starky & Hutch” o “The Template“. Perfecto para acabar.

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Para rematar la crónica, las apreciaciones finales. Valencia Beach Festival se merece una segunda edición, por lo arriesgado y novedoso de su cartel, por revitalizar una zona fantasma y relacionada con lo más casposo de Valencia, y se lo merece por méritos propios. Quizá lo que se merece menos es un público escaso, esos que piden riesgo y se quedan en casa. Pero es verdad que se merece al público que fue, no en cantidad pero si en calidad. Gente que aprecia la música, que pide más de lo bueno y menos de lo mismo, que guarda silencio en los conciertos, aun no conociendo al grupo. Gente que disfruta, que ríe y que sabe apreciar las cosas. Tal vez, si hubiese más gente así en esta ciudad, otro gallo nos cantaría, y no sólo musicalmente. Por no acabar con tanta solemnidad, hablar también de la falta de aseos, de la comida en exceso cara y poco variada, y de que los tickets de bebida del viernes a priori no sirviesen para el sábado, aunque eso se arregló al final. También volver a recordar a los promotores que las mujeres también hacemos música, porque salvo dos grupos y Hits with tits, que amenizaron la jornada del sábado, nada. Quitando esos peros, incidir en la falta de festivales como este, arriesgados y eclécticos. Larga vida.

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