El Teatro Nuevo Apolo se vino abajo con Sidecars

Como dice la canción: ¿Cómo habré llegado aquí? Haciendo memoria, han pasado ya diez años desde que en la madrileña sala Costello nacieran Sidecars, y un tal Juancho pusiera la voz a la formación. Ahí empezó todo.

Sidecars regresaban de Barcelona para tocar el domingo en Teatro Nuevo Apolo de Madrid y presentarnos su disco “Contra las cuerdas”. Este concierto estaba dentro de los matinales organizadas por El País en colaboración con Planet Events y Les Nits de l’Art.

A la hora del vermut en la plaza de Tirso de Molina teníamos una cita importante para ver a Sidecars, y poder disfrutar de su propuesta más arriesgada hasta el momento. “Contra las cuerdas” es un disco acústico grabado en directo que está lleno de colaboraciones con grandes artistas que ellos mismos admiran. En las taquillas del teatro colgaba el cartel de entradas agotadas desde hacía varias semanas, lo que prometía que iba a ser un punto de inflexión para esta banda.

Mientras se subía el telón, iban apareciendo en el escenario acompañados, en esta ocasión, por músicos amigos. Nos llamó la atención encontramos a un trío asombrado de su propio éxito, a día de hoy seguro que siguen preguntándose qué es lo que pasó el domingo. A Juancho se le notaba algo nervioso, no le salían apenas las palabras de la boca, chocaba con el desparpajo que normalmente suele mostrar.

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Como si  fuera la primera vez que se subían a un escenario, empezaron a tocar “Cremalleras” transmitiendo en cada nota la humildad que tanto les caracteriza.  Este arranque solo podría predecir que esa mañana iba a ser mágica. El público coreaba cada una de las letras de las canciones, y la voz de Juancho sonaba estupendamente, llenando todo el teatro. Con “Mundo frágil” solo hizo falta la primera frase para que el público se entregara “Se ha cerrado el kiosko…”, seguidamente interpretaron “Todos mis males”, “Dinamita” e incluso una versión de “De Película” con solo un par de guitarras y un teclado. Esas letras tan fácilmente identificables hablan de amor, de desamor, y sobre todo de Madrid. No podemos imaginarnos Madrid sin Sidecars ni Sidecars sin Madrid.

Llegó el single “La tormenta”, con ella empezaba a calentarse los motores, el público se movía de lado a lado en su butaca, butacas que nos sobraban. Teníamos ganas de bailar y eso se notó cuando tocaron “Ya no tengo problemas” y el público respondía: Nooo. Después vino una batería de temas: “Una eternidad”  y “Salir a matar”, y despegamos con “Chavales de instituto”. Ese rock castizo que tanto nos gusta. Juancho, entre canción y canción, nos comentaba como se sentían con todo lo que estaba ocurriendo, y las dudas que tuvo cuando le propusieron tocar en La Riviera,donde finalizará esta gira. Una sala que causa mucho respecto a las bandas porque es cuando la “cosa” se pone seria.

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El teatro tímidamente se iba levantando de sus butacas para disfrutar de la experiencia de ver a este trío madrileño. Interpretaron “Los amantes” con más ganas que nunca de demostrar lo que llevan dentro. La peculiaridad de Juancho de alargar las silabas y sus arañazos a la guitarra dieron paso a “Fan de ti”. Ese momento el teatro tronó, el público no aguantó más tiempo sentado incluso la banda se deshizo de sus taburetes.

Acercándose el final, Juancho tomó el micrófono para presentarnos a una artista invitado: “Un tipo al que le tengo una admiración muy grande desde que nací..” No pudo ni terminar la frase ya que el público gritó: Leiva. Efectivamente el hermano de Juancho salió para interpretar junto a Sidecars el tema “Contra las cuerdas”, donde le recibieron entre vítores y aplausos. Un lujo de dueto, en donde vimos a un Leiva que quería permanecer en un segundo plano (a estas alturas imposible ya, Leiva). Las potentes guitarras y sus voces hicieron más grande la canción y ese “Quédate” que el público imploraba casi como un ruego al grupo.

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Alcanzado las dos horas de concierto Sidecars se despidieron de nosotros, en una ovación de cinco minutos aplaudiendo y todo el teatro en pie. Tanto fue, que Sidecars se sentaron en el escenario y permanecieron allí, saboreando ese momento. Fue un concierto muy emocionante.

En conclución, lo ocurrido el pasado domingo en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid es la recompensa de la pasión y la dedicación que tienen estos madrileños. Ahora miramos en dirección a La Riviera, cita que por supuesto no nos perderemos.

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