Rufus T. Firefly y Wine Party: Intensidad y bailes

_MG_6102fbEl viernes se pasaron por Valencia, para presentar su tercer trabajo “Nueve“, los aclamados Rufus T. Firefly junto a la banda local Wine Party, que pusieron la nota bailonga y desenfadada a la noche.

Wine Party son un grupo de reciente formación con componentes que transitan en otros grupos y que felizmente han confluido en esta propuesta que recuerda a bandas que van desde The Stokes, Phoenix, Two Door Cinema Club o, sin irnos tan lejos, a los también valencianos Polock.

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Si bien la mayoría del público había venido a degustar el plato principal, los entrantes no desmerecieron y a muchos nos convencieron y nos dejaron con ganas de repetir. Por poner un pero, decir que el sonido de la sala dejó bastante que desear en los dos grupos y la sobresaturación del sonido hizo que se perdieran los matices y que, en el caso de Wine Party, la voz, ya de por sí potente del cantante, sobresaliese en exceso por encima de los instrumentos. Habrá que seguir la pista a esta banda y esperemos verles más a menudo, porque prometen hacernos bailar y tararear sus melodías en un futuro no muy lejano.

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Después de los bailoteos llegó la intensidad de Rufus T. Firefly, con un sonido más oscuro y contundente que en sus anteriores trabajos. “Nueve” se llena de melodías épicas (se nota la mano en la producción de Manuel Cabezalí de Havalina), pero el directo sonó confuso y sobresaturado, como en el caso de Wine Party.  No sé si la culpa fue del sonido de la sala, de una prueba de sonido escasa o del propio grupo, pero todas las capas de sonido que tiene el último trabajo se perdían y el volumen daba al traste con todos los arreglos que en el disco suenan con maestría. De todas formas, si nos fijamos en la devoción de los asistentes de las primeras filas, en sus ojos cerrados y en sus contoneos, diremos que gustaron y mucho. Tocaron canciones aclamadas como “Nueve“, “Midori” o “(escribe aquí el nombre de la persona a la que más quieras)” y se les notó una actitud en el escenario digna de alabar, no escatimaron en fuerza y se veía pasión a la hora de tocar, y eso, sea como sea el sonido, se contagia.

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Fotografías Rosana Ayza
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