Julio de la Rosa y Helena Goch abren el ciclo Sons al Botànic

Ayer se inauguraba una de las citas más esperadas y especiales programadas en Valencia: el ciclo de conciertos Sons al Botànic en el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia, en un marco mágico e incomparable y de la mano de Helena Goch y Julio de la Rosa.

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La encargada de abrir el ciclo fue la valenciana Helena Goch que presentaba su primer disco “Little tiny blue”. Con una simpatía y muchas risas entre canción y canción, quizá fruto de los nervios propios de tocar en casa, ya que entre el público se encontraban, según ella misma confesó, su familia y amigos, fue desgranando cada tema de su nuevo trabajo.

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Acompañada de su guitarra y su maravillosa voz, una voz sutil pero potente y muy bien matizada que en algunos momentos de la actuación le hicieron brillar y superaron en emotividad a las canciones en el disco, aunque si que es cierto que la monotonía le ganó la batalla a dicha emotividad conforme iba avanzando la actuación, ya que echamos en falta algo más de acompañamiento, tal vez podría haber introducido algún instrumento más o alguna voz secundaria para no acabar teniendo la sensación de un concierto lineal. Esta sensación se hizo más notable al acabar el concierto de Julio de la Rosa, ya que se notan las tablas de él y la falta de rodaje de Helena Goch, aunque no hay que pecar de injustos, ya que los años de experiencia no se pueden comparar y ésta se va ganando con los años.

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Tras Helena Goch le tocó el turno a Julio de la Rosa, el plato principal de la cita de ayer, que cumplió con creces las expectativas. Hizo un repaso a toda su trayectoria, desde los comienzos con el Hombre Burbuja “Pingüinos y koalas” o “Tú ves Ovnis”, su disco en solitario La herida Universal “las camareras”, “Hasta que te hartes” y su trabajo más reciente Pequeños trastornos sin importancia “Gigante”, “Un corazón lleno de escombros”, “Maldiciones comunes”, entre otras.

A Julio se le notó a gusto, nada encorsetado, ya que iba eligiendo las canciones según le apetecía, muy cómplice con el público, incluso, como él mismo llegó a bromear, con su familia política (Helena Goch es su pareja).

El reciente ganador del Goya hizo gala de lo que tan bien sabe hacer, cantando sus canciones sinceras, con ayuda de su guitarra, con pequeños instrumentos de cuerda, una melódica y la incesante voz a modo de coro del público que no dejó de sonar en todo el concierto y a la que Julio de la Rosa agradeció en muchos momentos y que tuvo su culminación con él bajando a cantar entre todos nosotros “Entresemana”. Tal vez nos sintamos identificados con la cotidianidad amarga que nos narró, o con esos amores dolorosos cantados o la ironía que muchas de sus canciones desprenden. Lo que si quedó claro que todos salimos sabiendo que ayer fue una noche especial en un marco muy especial, rodeados de árboles, viendo de vez en cuando pasar algún gato y con una banda sonora de premio.

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Si ayer no tuvisteis el placer de asistir no os perdáis los próximos conciertos del ciclo Sons al botànic, cosas así se recuerdan siempre.

Fotografías María Carbonell
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